Mientras tanto, en el Distrito Federal

Resulta que el resto del día después del evento nos fuimos un rato a reunirnos en familia en casa de los tíos. Me encontré con algunos familiares que según me cuentan, no había visto en treinta años, si, treinta años. Otros primos pues sólo los conocía vía red social color azul con f.

El plan después de eso era ir a visitar a mis cuñadas el resto de la semana. Eso implicaba ir a satélite y la Iztapalapa. Así qué tomamos hacia nuestro primer destino en satélite desde calzada de las Águilas. Pedimos un taxi que tardó en llegar como una hora en llegar. Abordamos y comenzamos la travesía en pleno jueves en hora no tan pico. Eran cómo las 7:00PM. Todo era felicidad hasta que llegamos a periférico, las obras de la supervía y los millones de autos que circulan en la ciudad con un pasajero por auto tienen resultados desastrosos.

Hace algún par de años que había estado en el distrito no me había tocado un tráfico vehicular tan arterioescleroso, denso como atole, pareciera grasa circulando en una manguera, lento, pesado, obstruido. Lindo como para perder toda una vida ahí. No nos quedó otra más que ponernos a platicar con el taxista, aunque a decir verdad yo fui el que se quedó platicando con el. Me contaba entre varias cosas que llevaba 25 años trabajando en el negocio del taxi. Las cosas habían cambiado mucho desde aquel tiempo y estaba pensando en ya retirarse. Las razones eran álgebra simple, el negocio del taxi ya no daba para más, en los buenos tiempos trabajar de día era la mejor opción, pero dada la situación tan complicada con la vialidad decidió cambiar al turno nocturno en donde en teoría hay menos autos y se pueden hacer más servicios. Cosa que ya no funcionaba. Me explicaba algo así:

"El tiempo que me tomó ir del sitio por ustedes me tomó una hora, el tiempo que vamos a hacer hasta el destino van a ser como dos horas o dos horas y media, finalmente volver al sitio es otra hora, en total un servicio me toma casi siempre como 4 horas o 5"

O sea, medio turno de trabajo, ¡¡¡medio pinche turno!!! Y efectivamente tardamos alrededor de dos horas y media en llegar al destino. La plática con el taxista fue extensa, no por nada tuvimos dos horas y media para compartir experiencias y puntos de vista; al principio después de contarme sus planes de retiro me describía que un hermano suyo lo podía introducir al negocio de la crianza de puercos, que tenía dos hijas ya grandes, una madre soltera y otra con su marido. De cómo estaban planteando ayudar a la mama soltera a cuidarle al nieto mientras ella trabajaba y vivir más relajados en su casa que estaba cerca de la marquesa. Otra opción que tenían era poner una tienda de abarrotes. Razones para que la ciudad estuviera en esta situación sobran: presupuestos dirigidos al auto, los hoy no circula que en su momento hicieron que la gente comprara más autos, el jugoso negocio de las obras de infraestructura vial y demás.

Así brincamos a la temática ciclista, de peatón, del metro, de las vivencias de una ciudad tan monstruo de dimensiones ridículas que simplemente no daban para más. De como se ha ido eventualmente la gente acostumbrando a vivir cada vez peor, con una calidad de vida en detrimento. A menos que pasar cuatro horas en un auto para ir al trabajo al día sea un gusto adquirido.

El DF es una ciudad culturalmente muy rica, tiene una gastronomía increíble, lugares de importancia histórica, arquitectura, instituciones educativas de clase mundial y una fibra que entrelaza a todo esto llamado habitantes. Dicen que el DFeño está acostumbrado a que se le subsidie todo, y los apoyo. Solo pregunten a un Francés cuando le quieran quitar un subsidio o servicio como educación o salud. De seguro es la fórmula para incitar a una huelga nacional o paros masivos. El habitante de a pié es el que se ha encargado de construir tanta riqueza y generar tanto dinero. Así que no sean manchados.
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