Las notas de algún grande de los sistemas operativos y el código libre como Linus Torvalds, Richard Stallman, Ken Thompson, y que decir de ese mexicano en las ligas mayores del cual todos nos sentimos inspirados; si, tu sabes que me refiero a Miguel de Icaza.
Era una novedad estarte comunicando por algún mensajero instantáneo digital, no más estar calculando el costo de una llamada de teléfono fijo a teléfono fijo, o de un teléfono fijo a un teléfono celular, o que decir de los privilegiados que ya comenzaban a tener un teléfono celular que solo lo utilizaban en emergencias. Nada de multimedia o internet en tu bolsillo.
Esas reuniones entre entusiastas de la tecnología eran las mismas entre las reuniones de cualquier otro grupo de interés. Grupos de amigos de la secundaria o preparatoria, que decir de los compañeros que iban a casa del que tenía un Nintendo en su casa y donde jugaban horas alguno de esos títulos multi jugador como Excitebike, y que decir de aquellos con intereses musicales afines: música electrónica, raperos, rockeros, discotequeros (si, eso existió). Esas interacciones analógicas entre grupos sociales eran casi mágicas.
Vinieron más cambios en nuestras vidas para comunicarnos cada vez más. Esos teléfonos con capacidades de texto empezaron a ofrecer mensajes SMS multimedia, los mensajeros instantáneos nos ofrecieron capacidades de audio. Era lo más increíble que pudo haber llegado a nuestras manos, la posibilidad de comunicarte con cualquiera de tus amigos o familiares de modo inmediato. Super loco!
Así fuimos digiriendo nuestra infancia y adolescencia digital. Una tecnología nueva y cada año con más novedades y no solo en capacidad, sino en características. La lista es casi interminable: smartphones, smartphones sin teclados mecánicos, pantallas táctiles, navegadores, internet, datos, 100% conectados con el resto del mundo las 24 horas del día los 365 días del año. Y ese fué el momento en que considero llegamos a esa adultez digital.
Como adultos digitales fuimos testigos de lo que significaba descargar una imagen digital de apenas 100x100 px hospedada al otro dato del mundo, transmitiendose directamente hasta tu computadora en 2 minutos. Y que tal esa expectativa de dejar descargando un álbum musical durante la noche para escuchar al día siguiente los 8 tracks de un grupo que de ningún modo de manera física podría haber llegado a tus manos en una ciudad tan olvidada y remota. Ni que decir de lo que era una actualización de software. Eso era sinónimo de ir a comprar una caja con Discos Compactos a una tienda de computación.
Y como adultos digitales, testigos de esa transición de lo lento a lo instantáneo le estamos pasando esa estafeta a las nuevas generaciones sin ninguna barrera de velocidad. Nacieron para consumir todo de manera instantánea, un click y PUM una foto, otro click y ZAP! Un video breve, un dedazo y ZOK! otro video que no han terminado de ver cuando ya están dando otro dedazo para pasar al siguiente video. Todo ese frenesí de dedazos mientras un joven digital con herramientas de adulto digital se encuentra con sus grupo de amigos.
Es una imagen distópica que no se me borra de la mente y veo repetirse una y otra vez. Grupos de amigos en proximidad física conviviendo a través de experiencias de sus consumos digitales.
El concepto de Voy a casa de mis amigos/amigas, se convirtió en algo que jamás vi venir. Y yo también me convertí en lo que estereotípicamente se conoce como el padre aburrido que da indicaciones y principios absurdos de como se vive la vida: Convivan sin ese maldito teléfono! Hablen entre ustedes! Salgan a que les de el aire!
La lucha es real.
