Hay viajes que no empiezan en el mapa,
sino en el frío que se instala en el pecho.
Hay casas con todas las ventanas cerradas
aunque las luces sigan encendidas.
Hay voces que hablan fuerte
pero no dicen el nombre de uno.
Hay brazos que se abren al mundo entero
y se olvidan del cuerpo que duermen a su lado.
Hay pasos que suenan como un grito
y nadie pregunta qué duele.
Hay hombres que un día fueron trueno,
y en silencio se convierten en sombra,
solo para no molestar al relámpago.
Hay quien intenta un baile
y descubre que el suelo también juzga.
Hay corazones que se quedan a vivir
donde jamás los han invitado.
Y hay una verdad que se guarda como última defensa:
el fuego que arde para calentar a todos,
también merece una llama que lo abrace.