Vientos, los niños parece que tienen capacidades de reacción ante los peligros inminentes. Nada de pánico o cosas por el estilo. Una niña salva a sus hermanos de un incendio en Yucatán. Esto me recuerda a un segmento de mi vida en el que me encontraba solo en casa y haciendo caminitos con alcohol en la oscuridad. Era divertido prender desde un lado el rastro de alcohol en el suelo e ir viendo como se prendía poco a poco. El caso es que por seguir echandole alcohol al rastro de alcohol cuando aún se encontraba la llama encendida, se me prendió el frasco con alcohol adentro y al pensar en que iba a explotar (cosa que no iba a suceder), lo pisé fuertemente y el resultado fué un chorro de alcohol encendido que viajó directamente al colchón de mis padres, provocando una reacción en cadena de sucesos y adrenalina. En órden cronológico mi primer idea fué agarrar agua de la llave con las manos y echársela al fuego del piso, cosa que resultó completamente inútil, ya para esto y después de unos 20 o 30 segundos, el colchón empezaba a arder y la alfombra del cuarto de mis padres también, así como mis tenis que se habían impregnado de alcohol encendido. Mi segunda reacción y la mas acertada fué tomar un pequeño tapete que había por ahí en la sala y con eso apagar el fuego a golpes.
Solo quedó un fuerte olor a plástico quemado, un susto y una gran lección.
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