Podría vivir así algunos meses

Este fin de semana no pudo estar mejor.

Desde hace ya algunas semanas se me ocurrió mientras veíamos una escena con bodoque de "los croods" donde se echan unos clavados al mar decirle "te voy a llevar al mar". ¡PUM! Fué como grabar mis palabras en piedra. Bodoque me mencionaba cada dos o tres días "yo quiero ir al mar".

Y así fué. Preparamos todo y nos pusimos listos para ir a la playa de la que mas recuerdos tengo: San Blás, Nayarit.
El clima fué idóneo, no hacía calor, y el calor ahuyenta a los gegenes (Phlebotomus), y por lo tanto no hay que preocuparse por la dualidad mutuamente excluyente calor-mosquito.

Un poco nublado durante el sábado, el domingo con mucho calor; aunque el aire fresco y sin tanta humedad ayudó a tener una buena sensación térmica a la sombra.
El paseo a la tovara con el Toluclan y en lo personal siempre me ha parecido muy agradable. Bodoque iba encantado viendo los cocodrilos, las garzas, tortugas, los túneles de manglar, que por cierto se han recuperado desde aquel incidente del huracán Kenna, metiendo la mano al agua salpicada por la panga, riéndose con el viento.

Después del paseo por la tovara, el recorrido al cocodrilario. Que también recibió una manita de gato y está mas ordenado que antes. Los cocodrilos igual de impresionantes y también bodoque de verlos en vivo con las fauces abiertas mostrando los colmillos. Tanto así que en la noche no dejaba de mencionar entre lo que yo pienso eran sus sueños "nooo el cocodrilo no... cocodrilo".

Y no pude perder la oportunidad de ir a correr a la playa y entre los manglares sobre la carretera. Pernoctaríamos de sábado a domingo y cargué con todo lo necesario para irme a masticar unos kilómetros. 6AM del domingo y me levanté como resorte; ténis, monitor cardiaco, "chors". Ayudó en gran medida que la corrida era un trote muy suave durante un largo período de tiempo, para dar un total de casi dos horas. Me dirigí inicialmente desde el centro de San Blás hacia Matanchén, supuse que la carretera no tendría mucha carga vehicular a las 6 de la mañana de un domingo, y así fué; aunque a la mitad del camino un poco adelante del entronque que lleva hacia matanchén decidí regresar para ir hacia la pequeña bahía a correr a un lado de la playa. El silencio (cuando no había automóviles a la redonda) mezclado con el sonido de muchísimos grillos, me daba tiempo de apreciar muchos detalles que en automóvil parecen sombras o impresiones muy rápidas: faisanes que pasaban encima de mi, montones de garzas en los manglares junto a la carretera, todo en combinación de un poco de endorfinas liberadas durante el ejercicio y el efecto general con un impacto increíble en mi sistema nervioso central.


El único aparato electrónico que llevaba conmigo era el monitor cardiaco, nada de teléfonos inteligentes, así que iba desconectado de casi cualquier alerta o notificación; por lo que no hubo ninguna interrupción de ese tipo, y todo tuvo que quedarse guardado en el almacenamiento biológico que llevo cargando conmigo.

Ruta de 14.1km
Ya de vuelta al puerto, el camino por el pueblo y dirigiéndome hacia la playa, primero con una pequeña escala a un faro y de ahí sobre la arena recorriendo la bahía. Sólo el sonido de las olas, el viento, mi respiración. Al término de esas dos horas y casi en mi destino, a lo lejos mi familia caminando, y un pequeño grito de bodoque que decía "papaaaaaaaaaaaaaaaa", ella ya iba hacia mi abalanzada, pero como era la calle, la tuvieron que detener hasta que hubo el momento apropiado para que me diera el abrazo que siempre me da cuando me recibe después de correr.

Así cerré la primer semana de entrenamiento de seis días en cada siente. Lo logré, pensé que sería mas agotador, pero ha sido posible completarlo sin que me venciera la pereza.

Semana 1 de 4
Podría vivir así algunos meses cada año durante toda la vida. Aunque eso que pido es imposible.
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