Lección aprendida

Una buena costumbre antes de iniciar un traslado ciclista es revisar los frenos y la presión de los neumáticos. Es como la regla de oro del ciclista si no se desean pasar malos ratos. Y esta costumbre debe ser casi obligatoria después de que le haya llovido bien duro a la bicicleta ¿por qué? pues por que el agua se mete hasta los rincones más inhóspitos y los fierros mas inalcanzables de la bicicleta, así como este martes por la mañana en el que la noche anterior no revisé nada de la bicla y el jueves pasado se mojó durísimo.
El resultado fué que mis frenos delanteros estaban totalmente atascados, tanto así que podía poner la bicicleta parada en una rueda por la fuerza con la que estaba atorado el eje delantero, ahí en chinga hoy por la mañana le apliqué la clásica de ponerle aceite por un extremo del chicote a ver si así aflojaba; aflojó un poco pero dos kilómetros mas adelante al volver a usar el freno, se volvió a atascar. Ya a medio camino en una gasolinera tuve que quitarle la zapata para poder rodar; casualmente en una de las lámparas de la gasolinera, había un enjambre impresionante de escarabajos que hasta oscurecía la luz, ahí andaban los despachadores dandoles manguerazos de agua para ahuyentarlos, y bueno, después de todo pude llegar a mi destino que estaba a unos 9kms de distancia, sobreviví solo con el freno trasero, pero la verdad es que con el freno trasero no se frena bien, el poder de frenado viene de un 60% del delantero y el 40% del freno trasero.

Moraleja: después de que la bicicleta se moje duro, revisala obligatoriamente antes de usarla.
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