De esas cosas que nunca imaginaste sentir.
Llegas por ella, te quedas a unos metros de distancia para que te reconozca, ella te ve, se le pone una sonrisa de oreja a oreja en su rostro, y corre con sus bracitos abiertos hacia ti, desbocada en alegría. La recibes y le das un abrazo y el mundo se detiene; si, se detiene.
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