Si bien, yo no nunca me había puesto físicamente puesto en el zapato de los demás, acá en el trabajo hicieron toda esta semana una dinámica que consiste en moverse todo el día en silla de ruedas a varios puntos. Aún no termina el día y es claro que hacen falta muchas cosas por hacer aunque sea una planta que tiene bastantes consideraciones al respecto. Hay escaleras sin rampas muy inaccesibles, no se digan los baños que de plano es un sufrimiento utilizar, solo por dar un ejemplo en las escasas 4 horas que llevo de la jornada laboral. No quiero imaginar lo que sería andar en la calle, en la vida real.
Hoy también entregaron por acá un par de sillas de ruedas a personas que si lo necesitaban. Juntaron muchas tapitas de lata de refresco durante todo el año, e hicieron la entrega de esas sillas. Una señora de las 3 personas que venían, dió unas palabras al recibir su silla, las cuales hicieron que se me enjugaran un poco los ojos. La neta es que me aguanté por que lo que dijo fué algo como esto: "las barreras que tenemos no son tanto físicas, sino son las barreras que nos pone la gente".
Solo recuerden que nadie se salva de usar una silla de ruedas, de ser persona ciega, de tener una discapacidad sea el status social o género que tengamos. Algún día la edad o alguna triste situación nos cobrará la factura, y es cuando nos pondremos los zapatos de verdad. ¿Por que esperar hasta ese momento para hacer coco?

1 comentario:
Hasta que alguien siente, vive y sufre lo que es una limitación física o mental, que puede ser leve, por ejemplo la disminución de la agudeza visual o muy severa, como el estar postrado en cama de manera permanente, es cuando realmente nos movemos para aligerar esa limitación...qué bueno que sigan haciendo ese tipo de ejercicios como el que ahora vivió el toxickore, para sensibilizarnos más en las entrañas acerca de no complicar más la vida de las personas limitadas. Mucho ayuda el que no estorba
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