De nuevo con una actividad nueva. Bueno, tampoco es tan novedosa, pero sí era la primera vez que la intentaba. Unos compañeros del trabajo me invitaron a jugar pádel. Había escuchado mucho sobre este deporte, aunque para mí sigue siendo relativamente nuevo; creo que hace apenas dos o tres años fue cuando supe que existía.
Fuimos un lunes muy temprano por la mañana. Todo esto fue después del partido de México, que por cierto, según me contaron, jugaron muy bien. El partido era a las tres de la mañana, así que preferí no desvelarme viéndolo para poder levantarme temprano e ir a jugar.
Quedamos de vernos con algunos compañeros del trabajo en las canchas de pádel que están debajo de la Estación Central. Estuvimos jugando un buen rato y la verdad es que me sorprendió lo divertido que es.
El juego es muy ágil. No necesitas correr tanto como en el frontenis, pero tampoco requiere tanta técnica como el tenis. Siento que está en un punto medio entre ambos deportes. Tiene rebotes, diferentes tipos de golpes y, al jugar con paredes, comparte varios elementos con el frontón. En total jugamos unos cuatro partidos y la pasamos muy bien.
Eso sí, al día siguiente amanecí bastante adolorido, sobre todo del trasero. Curiosamente, de los brazos y del pecho estaba bastante bien. Aun así, la experiencia me gustó mucho.
Todavía no entiendo por qué el pádel tiene cierta fama en México y por qué algunas personas lo asocian con cierto tipo de sexualidad. Si alguien sabe de dónde viene ese estereotipo, que me explique, porque sinceramente no lo sé.
Lo que sí sé es que me divertí bastante. Es una actividad que definitivamente repetiría. Además, estuvo muy bien convivir con los compañeros del trabajo, hacer deporte y disfrutar de un rato de competencia sana.
En fin, eso fue todo.

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